Enrique Redel, editor.Enrique Redel, editor.

Hace cinco años, Enrique Redel fundó con 30.000 euros una de las editoriales independientes más interesantes del actual panorama literario español: Impedimenta. En sólo un lustro ha conseguido colocar su sello en todas las mesas de novedades y en las bibliotecas de millones de lectores, por lo que ya se ha convertido en sinónimo de confianza. Este éxito se debe –además de al trabajo duro- a un Director Editorial que posee una virtud pocas veces repetible: olfato para editar excelentes obras literarias. Pero sus libros llaman además la atención por sus diseños, con sus elegantes cubiertas capaces de deleitarnos sólo con observarlas. Cuando cae en tus manos un libro de Impedimenta, uno quisiera leer todo lo publicado por Redel hasta el momento.

¿Cuál es el criterio principal del catálogo de Impedimenta?

Calidad, estética cuidadísima, y una propuesta que despierte la curiosidad del lector, más que su afán “canónico”. No quiero publicar “lo mejor” de cada tradición, sino libros que yo me compraría, que amaría comprar. Tenemos que transformar la labor editorial en una propuesta casi necesaria, frente a la fuerza de otras propuestas culturales.

¿Mira por igual lo literario y lo comercial a la hora de editar un libro?

Siempre lo literario, nunca lo comercial. Jamás publicaré un libro porque sepa que se va a vender mucho. Lo editaré porque sé que es bueno, e interesante, y luego intentaré arreglármelas para que venda mucho. Creo que existe un punto al que llegaron editoriales como Acantilado o Anagrama, que consiste en vender un libro de esa editorial solo porque es de esa editorial, porque sabes que todo lo que se edita allí es bueno y te fías. A eso aspiramos en Impedimenta.

¿Impedimenta está imponiendo modas?

Quizás la nueva irrupción de un cierto tipo de comedia británica, y de libros ingleses de los cincuenta, sesenta y setenta. En buenas traducciones y con cierto criterio cultural.

¿Confía plenamente en su juicio estético?

Ojalá pudiera fiarme más de él. Lo único que sé es que cuando cierro una buena portada me siento pletórico.

¿Qué libro de su catálogo ha tenido las ventas más altas?

La hija de Robert Poste, de Stella Gibbons. Cerca de 50.000 en rústica.

¿Y cuál la más baja?

De la elegancia mientras se duerme, del Vizconde de Lascano Tegui. Apenas 300 ejemplares.

¿Qué es un libro que no se lee?

Una de dos, o malo, o una oportunidad histórica perdida. Los libros nacen y mueren todo el rato, y las leyes de selección natural a veces son algo antinaturales.

El negocio editorial parece estar cambiando más en la última década que en 200 años…

Efectivamente, con la irrupción de las nuevas tecnologías, parece que el libro se ha transformado en algo intangible, más transmisible e intercambiable. Pero la labor del editor es la misma: seleccionar y recomendar, y hacer una propuesta cultural que guste a lectores heterogéneos. Si el negocio ha cambiado en los últimos tiempos es para mejor, porque las posibilidades de las nuevas tecnologías son tremendas.

¿Editar un libro es una tarea más enloquecida que escribirlo?

Desde luego que no. Editar es un oficio, y escribir es un don. Muchos escritores enloquecen al escribir sus libros, y yo conozco más bien pocos editores que enloquezcan editando. Editar es un trabajo más estresante, quizás, y mucho más “prosaico” que escribir. Hay mucha gente implicada, gente con mucho talento.

¿Cree que el porvenir de la edición española está en América?

[pullquote align=”right”]”Los editores no siempre tratan bien a los autores”[/pullquote]

No me gustaría que fuera así. Me da mucha lástima darme cuenta de que los editores españoles hemos “colonizado” el mercado americano, y no siempre con las mejores propuestas, sino con aquellas con mayor capacidad industrial. Existió una época en que había excelentes ediciones provenientes de Argentina, cosa que ahora ya no ocurre. El mercado español es menguante, y siempre tiene uno puesto el ojo en América. Pero nos chocamos con una pared en forma de precios. Es muy muy difícil hacer llegar libros a América con precios competitivos, a no ser que los fabriques allí.

Céline dijo que todos los editores son unos rufianes.

Es que los editores no siempre tratan bien a los autores. Desde luego, la finalidad de un escritor es plasmar sus fantasmas en un texto. El de un editor es hacer que ese texto llegue al lector, y muchas veces se traspasan líneas que se fijan en el lado más mercantil del negocio editorial, obviando el cultural.

¿Cómo es un día laboral en su vida?

En épocas como esta, mes de octubre, agotador. Trabajamos siete días a la semana, a razón de cerca de doce horas al día. Se lee, se promociona, se elige, se recomienda, se coordina. Y eso hay que hacerlo todos los días. Editar es una carrera de fondo.

¿Quién es Enrique Redel?

Un recomendador entusiasta. Quiero creer.

¿Por qué leer?

Como diría Fernando Pessoa, la literatura nos sirve porque nos saca de aquí.

¿Cómo se debe leer: en voz baja o en voz alta?

En voz baja siempre, y con cierto silencio, algo que falta cada vez más en un mundo con horror vacui endémico.

¿Cuál es su sitio preferido?

El metro, o un autobús, o un tren. Curiosamente son los únicos sitios donde realmente me concentro.

¿Quién le enseñó a leer?

Mi madre. Me enseñó a leer mi madre. Leíamos letreros por las calles. Aprendí a leer muy pronto.

¿Cuáles son sus autores preferidos?

Joyce, Pynchon, Amis, Bellow, el primer Roth (al último lo odio literalmente, tan consciente).

¿Qué libros le han emocionado más en su vida?

[pullquote align=”right”]”Amor de Artur, de X. L. Méndez Ferrín, fue ese libro que me convirtió en lector”[/pullquote]

Aquellos que leía compulsivamente, de cinco en cinco, cuando tenía 14 años. Leer por primera vez Macbeth o Cien años de soledad es algo irrepetible. No existen muchos libros así, y hay una edad hambrienta para leerlos.

¿Tiene un libro favorito?

Ulises, de James Joyce. Es una novela total.

¿Cuál fue ese libro que le convirtió en lector?

Amor de Artur, de X. L. Méndez Ferrín. Luego lo he editado en Impedimenta. Pero lo leí por primera vez con 17 años, y me cambió la vida.

¿Qué tipo de lector es?

Insatisfecho, sobre todo porque mi nivel de exigencia raya casi la obsesión. Y no por una perfección estética o por una propuesta especialmente novedosa, sino por que un libro apague mi sed de curiosidad, logre dejarme los ojos muy abiertos. Creo que los buenos libros sorprenden, y es muy difícil encontrar uno que realmente lo consiga. Pero cuando ocurre, es la gloria.

¿Hay algo mejor que hacer que leer?

Claro, muchas cosas: estar con la gente que quieres. Eso es más importante que cualquier otra cosa del mundo. Leer es escuchar las reflexiones de los demás. Nunca sacrificaría a la gente que quiero por un libro.

¿Existe una decadencia de la lectura, de los lectores?

No, leemos más que nunca. Leemos a todas horas, periódicos, en pantalla, nos informamos. Otra cosa es que la ficción literaria tenga más competidores en forma de series, videojuegos, películas. Sigue siendo en cierto modo una narrativa, pero en otro formato. Los entretenimientos se vuelven cada vez más accesibles, fáciles, inmediatos, y la lectura requiere silencio, memoria, aislamiento, algo de lo que carecemos en la era del ruido, de los estímulos, de Google. Pero nos encanta que nos cuenten historias. Eso nunca cambiará.

¿Qué es el libro para usted?

Es algo complicado. Es un cápsula de información. Algo que queda, que te acompaña, y que puedes transportar contigo, legar, que te sobrevive. Es una propuesta personal, humilde o ambiciosa, que supone un artefacto cultural de tal envergadura que ha cambiado la historia del ser humano. No seríamos quienes somos sin libros, es evidente.

¿Tiene libro electrónico? Y si es así, ¿cuál?

Sí, tengo un iPad, en el que leo cosas que considero para la editorial (nunca para mi propio placer: llámenme troglodita, pero para disfrutar de un libro necesito que sea tangible, no virtual; necesito poder regalarlo y dedicarlo, y que no se pierda en cuanto cambien el software o el sistema operativo. Los libros electrónicos son obsoletos desde su nacimiento); también un Kindle, que me sirve para ver si funcionan los libros que hacemos en Impedimenta para Amazon. No lo uso para leer, lo uso para trabajar. Nunca he leído un libro en Kindle. Sí en la aplicación de Kindle para el iPad.

¿Qué opinión tiene sobre el libro electrónico?

Obsoleto por naturaleza. Me gusta poner el ejemplo de la canción de The Buggles, Video Kill the Radio Star. Se supone que el vídeo iba a matar el espíritu de la radio. ¿Dónde está hoy el vídeo? El vídeo fue desbancado por el cd, este por el dvd, este por las descargas digitales, estas por el streaming, y cualquiera que tenga ahora una cinta de vídeo en casa tiene un cachivache que no vale ni su peso en la chatarrería. Con los libros electrónicos pasa igual. Sin embargo, la radio sobrevive porque es perfecta. El libro es perfecto. Intentar decir que el libro electrónico acabará con el libro en papel es como decir que el ascensor acabará con las escaleras. Por otro lado, es una lástima utilizar toda esa tecnología casi galáctica para leer texto corrido. Cuando empezó la carrera espacial, los americanos gastaron millones de dólares en inventar un bolígrafo que fuese capaz de escribir en gravedad cero. Tras largos años de investigaciones, no lo consiguieron. Los rusos utilizaban un lápiz. Pues eso.

¿Cómo luchar contra la copia ilegal de libros electrónicos?

No se puede. Lo que hay que hacer es acostumbrar a la gente a pagar, o hacer que paguen sin saberlo.

¿Y cómo se hace eso?

[pullquote align=”right”]”El libro es un artefacto cultural de tal envergadura que ha cambiado la historia del ser humano”[/pullquote]

Además del modelo “tradicional” de descarga, en la que el usuario paga por la disponibilidad en el propio dispositivo del archivo, existe la posibilidad de permitir que el usuario disfrute del contenido mediante suscripción, publicidad en forma de banners, patrocinios o diversas formas de promoción. En realidad uno “sabe” que el contenido no es totalmente gratis, pero la forma en que se grava este no es molesta, y tiene que ver con las mecánicas propias de la red.

¿Cuál es su relación ahora con los libros?

Necesito estar rodeado de ellos. Cuando llego a cualquier sitio, lo primero que hago es preguntar dónde está la librería. Aunque sea extranjera y no entienda ni jota.

¿Prefiere los libros recién sacados de la imprenta o los volúmenes con cubiertas raídas y páginas apergaminadas por los años y el uso?

Me gustan los libros nuevos. No soy un romántico del libro viejo. No sé por qué. Me gustan también los libros como objetos.

¿Dónde suele compra los libros?

En librerías amigas, donde tienen una buena selección de fondo. Tenemos que hacer lo posible por que esas librerías sobrevivan.

¿Visita las librerías de viejo?

Antes, cuando no tenía mucho dinero, me pasaba el día en librerías de segunda mano. Ahora no voy mucho, entre otras cosas porque visito tantas librerías de fondo, literarias, que no necesito más.

¿Cuántos libros suele comprar en un año?

En torno a 60 o 70. No son muchos, sin embargo. Lo malo es que apenas me queda tiempo para leer por placer últimamente.

¿Alguna manía u obsesión con los libros?

Ninguna que yo sepa. Me gusta que al comprarlos tengan buen aspecto. Me gusta sacarlos a pasear. Durante una época dibujaba mucho en ellos. Con acuarelas, a veces.

¿Cuál es su posesión libresca de la que se siente más orgulloso?

Orgulloso, no sé. Me siento apegado a mi ejemplar de Mason & Dixon, de Pynchon, con todas mis anotaciones. O a mis tebeos antiguos de la revista Mad, de los años ochenta. O al ejemplar del Ulises en la edición de Bodley Head que compré en Londres la primera vez que fui.

¿Encuaderna sus libros?

No. Me gusta dejar bien a la vista la cubierta elegida por el editor.

¿Posee ex libris?

No, pero hubo una época en que escribía mucho en la página de cortesía, y dibujaba complicados motivos florales. Así el libro me parecía más bonito. Una manía como cualquier otra. Ahora no lo hago.

¿Están sus libros limpios de notas y subrayados o los marca de alguna de manera?

Escribo mucho en los libros, sobre todo en los de historia. Los anoto, los lleno de reflexiones, los colonizo.

¿Qué opina de ese fenómeno que es la Feria del Libro?

Es un momento maravilloso. En el Retiro se congrega una energía increíble, y de pronto leer se convierte en algo festivo, carnal, casi diría que suprahumano. Me encanta ver mucha gente interesándose por libros, tocándolos, preguntando, actuando como quien elige un amante.

¿Cuál es el futuro del libro?

Ojalá lo supiera. Sé que la gente no dejará de demandar historias, de pedir argumentos, de discutir propuestas. Confío en que el libro siga jugando un papel en este ámbito. Lo que sí sé es que hay cosas que una imagen, por bella que sea, no puede plasmar. Hay libros que ni siquiera millones de imágenes podrían reflejar.

¿Cuántos libros tiene en su biblioteca?

No los he contado, pero tenemos casi todas las habitaciones de la casa llenas de libros. Van conmigo, forman parte de mi vida. Ahora afrontamos una mudanza, y nos hemos dado cuenta de que, salvo una cama, dos sillones, dos mesas pequeñas y una mesa de salón, no tenemos más que libros y estanterías.

¿Qué género predomina en sus baldas?

Narrativa traducida, sobre todo. Y últimamente historia contemporánea, historia de la ciencia, poesía inglesa y muchos cómics (antes los tenía arrumbados por ahí, he sido lector de cómics antes que de libros, pero desde que los editan tan bien, los tengo todos ordenadísimos).

¿Tiene ordenada su biblioteca?

No. Es bastante caótica.

¿Cómo la clasifica?

Intento que por editoriales, y también por idiomas. Tengo una extensa sección de libros en inglés.

¿Sólo tiene libros o también acumula objetos, fotografías?

Solo libros. Alguna figurita, pero por motivos sentimentales. Catálogos de otras editoriales, revistas literarias, cosas en ese plan.

[pullquote align=”right”]”Soy un lector insatisfecho, sobre todo porque mi nivel de exigencia raya casi la obsesión”[/pullquote]

¿Alguna peculiaridad en su biblioteca?

No. Es una biblioteca personalísima, pero no excéntrica.

Colecciona libros sobre libros. ¿Por qué?

Muchos. Me encanta leerlos y editarlos. Es un género que me fascina. Hay quien le gusta el fútbol y tiene todo lo relacionado con ese deporte. O los aficionados a las maquetas, que tienen todo tipo de publicaciones sobre esa materia. Pues bien, a mí me encantan los libros, las memorias de editores, las historias de librerías, bibliotecas y escritores.

¿Posee libros heredados de su familia?

Pocos. Hace unos meses murió mi madre y apenas me quedé libros suyos. Me recordaban tanto a ella que me dolían mucho. Son algo demasiado personal.

¿Hace expurgo en su biblioteca con frecuencia?

No tiro casi libros. Hay tantos libros buenos que nunca se acaban. Mi obsesión es tener más libros, no menos.

¿Contiene libros en otros idiomas?

En inglés, francés y una extensa biblioteca de literatura gallega (Méndez Ferrín casi completo, Blanco Amor completo, Freixanes, Celso Emilio Ferreiro, Carlos Casares, Cunqueiro, y muchos libros de autores más modernos).

Enrique Redel (Madrid, 1971) se hizo conocido como editor con Funambulista, que levantó junto a su socio Max Lacruz. Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, su pasión contagiosa es la literatura. Su trabajo mereció en 2008 la concesión del Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural, junto a las editoriales del grupo Contexto.