Fernando Marías, escritor.Fernando Marías, escritor.

Ha repetido en numerosas ocasiones que su vida cambió cuando vio su primera película, El Álamo, en pantalla grande. Desde entonces, su primera intención fue dedicarse por entero al séptimo arte, por lo que estudió Cine en la Facultad de Ciencias de la Información. Fernando Marías es hoy un escritor de incuestionable calidad literaria con una obra tan variada que no permite adjudicarle una etiqueta, pues ha publicado todo tipo de libros admirables y en los más diversos tonos. En todo caso, el denominador común es el deseo o el vicio de contar historias. Resumir las variadas e intensas actividades de Fernando Marías en una entradilla es una tarea difícil o más bien imposible.

Primero fue el cine. ¿Cómo se convirtió entonces en escritor?

Por la imposibilidad de ser cineasta, supongo. Contar historias siempre estuvo en mi voluntad, mi afán y mi sueño. Cuando una cosa no pudo ser, fue la otra. Lo curioso es que, pasados más de veinte años, creo que el oficio de escritor, y de novelista más concretamente, es mucho más adecuado a mi carácter: soledad, libertad, nadie que mande más que tu criterio… Ser un creador solitario es lo mejor del mundo.

Se ha estrenado hace poco tiempo Invasor, y anteriormente El segundo nombre y La luz prodigiosa, bajo mi punto de vista una de las películas españolas más hermosas de las últimas décadas. El cine sigue presente en su trayectoria profesional.

Sí, y espero que siga siendo así. En este momento está en marcha la escritura del guión de Esta noche moriré, en el que yo no participo pero sobre el que pongo toda mi energía e ilusión. Ha sido largo el proceso, pero parece que por fin el camino se va recorriendo paso a paso. En cuanto a mí, desde siempre he querido dirigir una película y, aunque no pierdo esa esperanza, lo cierto es que cada vez soy más vago al respecto. Escribir una novela te da todo el poder, algo que en cine es casi imposible de conseguir.

¿De qué vive ahora usted?

De Fernando Marías. De sus derechos de autor y, sobre todo, de las actividades derivadas de su labor de escritor. Ese personaje me mantiene. Espero seguir seduciéndolo para que no deje de hacerlo.

¿Podría describirnos un día cualquiera en su vida?

Cuando estoy escribiendo, escribiendo ya muy metido en una novela, me gusta levantarme muy pronto, a eso de las cinco de la mañana. Café, silencio… Lo mejor del día, o hasta de la vida, cuando se produce, muy de vez en cuando, el milagro de que las teclas llaman a los dedos para que las pulsen, como si la novela tuviera vida propia y tú fueras solo el encargado de poner letra tras letra, al dictado de un ente superior. Pasa muy pocas veces, claro. Y luego procuro, tras cuatro o cinco horas escribiendo, entregarme a la vagancia desordenada y ocasionalmente ilustrada. Porque cuando no escribo abordo directamente la vagancia. Bromas aparte, me lleva mucho tiempo gestionar las actividades del personaje Fernando Marías, ése del que ya he explicado que vivo.

¿En qué consiste el proyecto Hijos de Mary Shelley?

Surgió como un deseo de emular la famosa noche de Villa Diodati, cuando los Shelley, Byron y Polidori se contaron historias de terror alrededor del fuego. De allí surgió Frankenstein, y pensé que sería hermoso repetir aquel espíritu, reunir a escritores de nuestro tiempo para que cuenten al público historias de terror o fantasía, góticas, románticas… La idea encontró su productor ideal en Ramón Pernas, director de Ámbito Cultural, y cada año todos esos trabajos se reúnen en un libro que edita Imagine. Se puede encontrar más información en la web www.hijosdemaryshelley.com o en la página de Facebook del mismo nombre. Pero lo esencial es que la idea evoluciona sin parar, y ahora es ya una verdadera plataforma desde la que surgen poesía, música, literatura, teatro, performances… Vamos creciendo.

Una de mis novelas contemporáneas preferidas es Esta noche moriré. ¿Qué significó este libro en su carrera literaria?

Es una novela que me gusta mucho, creo que es una gran novela negra. Y contiene la feliz idea de La Corporación, que tiene una pequeña pero fidelísima corte de apasionados seguidores por todo el mundo, lectores que, convencidos de que esa organización secreta que yo inventé existe realmente, buscan pruebas que lo demuestren.

De entre los títulos que conforman su extensa obra, ¿sería capaz de destacar un par de ellos y alegar las razones de tal selección?

Esta noche moriré me parece redonda, y Todo el amor y casi toda la muerte me gusta especialmente, porque es una inmersión en mí mismo, una especie de auto psicoanálisis saturado de fantasía. En el ámbito juvenil tengo especial cariño a Cielo abajo, una novela que me ha dado muchas alegrías; la principal de ellas es que casi diez años después de haber sido escrita sigue seduciendo al público joven. Es como si hubiera salido en estado de gracia. Nunca falla entre los lectores jóvenes.

Ha ganado varios premios literarios, entre ellos el Nadal y el Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. ¿Qué opinión le merecen?

Sirven para lanzar a un escritor, son una oportunidad de promocionar al autor, si este comienza, o a la novela en cuestión. Viví una década mágica respecto a los premios, de 2001 a 2010 gané muchos, e importantes. Me resulta curioso observarlo, porque mi carrera de escritor va por décadas. La de los 90 fue la de la sequía, los intentos fallidos, la miseria moral y económica. La de 2000, la de los éxitos, los premios, el reconocimiento. Esta en la que llevamos tres años inmersos es la de mi búsqueda de nuevos caminos. En cada una casi no reconozco al Fernando anterior, aunque por supuesto no reniego de lo que hice y fui. Pero me parece que los sucesos de las décadas anteriores, los sucesos buenos y los malos, le pasaron a otra persona. Rememoro la noche del Nadal, tan feliz, y tengo la sensación de que quien recogía el premio aquella noche era otro. Es curioso, muy fascinante, en realidad muy literario.

¿Por qué cambió su vida con el Premio Nadal conseguido por El niño de los coroneles?

Porque yo era un total desconocido, con un par de novelas publicadas que casi habían pasado desapercibidas, y hasta entonces bajo el riesgo real de tener que dedicarme a otra cosa para sobrevivir sin ver nunca realizado mi sueño. El Nadal me permitió ser yo.

Escribe también mucha literatura infantil y juvenil. ¿Qué le aporta como escritor?

Me divierto mucho y me rejuvenece el contacto con los lectores. Los jóvenes son lectores muy libres, si algo no les gusta te lo dicen con absoluta tranquilidad. Eso me gusta mucho. Y cuando escribo estas novelas ajusto las cuentas con los fantasmas del pasado, con las películas que soñé hacer y no fue posible. Prisioneros de Zenda (fusión de relatos de aventuras e ilustración a cargo de Javier Olivares) es un libro donde me sentí director de cine de aventuras.

¿Cuáles son sus afinidades literarias?

Cada dos años suelo cambiar de autor favorito: Cormac McCarthy, Ismail Kadaré… Borges siempre está presente. Aún no he encontrado un escritor que me guste más, que me aporte más. Y de los españoles, me interesan los autores que sintonizan con mi sensibilidad de lector. No digo que sean los mejores, son los que a mí me apasionan más: Cristina Fallarás, Eugenia Rico, Jon Bilbao, Ricardo Menéndez Salmón, Patricia Esteban Erlés, Luisgé Martín. Y Marsé. Juan Marsé me sigue emocionando. También Rosa Montero.

Usted es también editor. ¿Alguna recomendación para los escritores que están intentando abrirse camino en el mundo literario?

Que sean fieles a sí mismos. Lo que haya de pasar pasará, y, cuando pase, solo tiene sentido si has sido fiel a quien eres y quieres ser.

¿Qué le gustaría alcanzar a nivel editorial en los próximos años?

Me gustaría facilitar el camino a autores nuevos. También escribir una novela que me dejara realmente satisfecho. En realidad dos, porque dos son los proyectos que tengo en marcha. Los dos proyectos más difíciles de mi vida. Escribo dos novelas personales, muy personales, casi autobiográficas, novelas inspiradas por la muerte o su proximidad.

¿Nos puede contar algo más de estos dos proyectos?

Son dos novelas sobre dos muertes próximas, una acaecida y otra por acaecer. Es todo lo que sé sobre ellas, y también que la segunda, aunque sea autobiográfica en parte y trate un tema tan hondo y oscuro, tendrá un componente de novela de aventuras.

En una editorial, ¿quién crea el valor añadido?

Los que se emocionan con el libro. Pueden ser el autor o el editor.

Sus editoriales preferidas son…

Hay dos mundos reconocidos y reconocibles: el de las grandes consolidadas, entre las que me gustan Siruela, Anagrama, Seix Barral o Tusquets, y las pequeñas independientes, donde está el futuro inminente: Salto de Página, Páginas de Espuma, Impedimenta… Y Acantilado, que flota entre ambos mundos, entre todos los mundos. Pero como entiendo que se trata de elegir una… Me quedo con dos, una de cada mundo: entre las míticas/clásicas, Seix Barral. Entre las independientes, Salto de página. Me ha descubierto a autores muy buenos, hacen una labor excepcional. Y han asumido la responsabilidad de reeditar Últimos días en el Puesto del Este, la novela imprescindible de Cristina Fallarás que por tristes circunstancias se encontraba en el limbo editorial.

¿Se ha encontrado en un mercadillo o librería de viejo alguno de sus libros? Si es así, ¿qué sintió?

Sí, alguna vez. Nada, cierta melancolía no dolorosa: “Mira, yo conocí en el pasado a este escritor, y aquí está este viejo libro suyo…”.

¿Cuáles son las cualidades que más aprecia en la gente, en sus amigos?

La inteligencia y el sentido del humor. También me gusta la gente que se interesa por el psicoanálisis. Yo me psicoanalizo hace años, y me gusta la gente a la que atrae esa búsqueda interior.

¿Con qué odia perder el tiempo?

Hablando con imbéciles, con fanáticos, con irracionales… Nunca lo hago. Me escabullo a la primera señal.

¿Quién es realmente Fernando Marías?

Un chaval de Bilbao que quiere hacer películas.

Hemingway decía que escribía sobre lo que sabía. Otros escritores escriben para averiguar. ¿Para qué escribe usted?

Escribir es la tarea más divertida y apasionante que conozco. Soy feliz cuando escribo. Es la mejor razón imaginable. Y además me sirve para exorcizar mis fantasmas.

¿Escribe cada día?

Cuando estoy adentrado en una novela sí. Pero con varias novelas escritas cada vez es más difícil empezar la siguiente. Ya solamente me atrae contar historias que me interesen muchísimo, que me conmuevan… No es fácil encontrarlas, y no creo en la opción de escribir por escribir. Hace tres años terminé mi última novela. Ahora estoy escribiendo y no sé cuánto tardaré en terminarla. Pero me da igual. La novela me tiene que enamorar. Cuando una novela me enamora la escribo. Si no, no.

¿Piensa en un lector determinado a la hora de crear?

No. Pienso en no aburrirlo. Pero, aparte de eso, escribo pensando en el lector que soy yo. ¿Cómo no hacerlo? ¡Soy ególatra, vanidoso, géminis y de Bilbao!

¿Tiene alguna superstición mientras escribe?

No.

¿Corrige mucho?

Estoy muy lejos de saber escribir bien, así que le doy vueltas una y otra vez, pero luego siempre, pasado el tiempo, veo que le tenía que haber dado otra vuelta. La buena noticia es que con los años y los libros voy mejorando.

¿Utiliza cuadernos para tomar notas o lo hace todo por ordenador?

No. Lo que se me ocurre y me gusta lo dejo en la mediría, jamás apunto nada. Cuando es bueno, permanece; cuando no, se esfuma.

¿Recuerda cuando fue la primera vez que se sintió escritor?

Sí, Cuando decidí dejar que La luz prodigiosa fluyera, creciese, sumara páginas y páginas. Yo solo quería escribir una sinopsis para un guión y de pronto aquello se transformó en un libro, y a mí en escritor.

¿A quién le deja leer sus manuscritos antes de ser editados?

Tengo algún lector de confianza, pero a estas alturas suelo estar bastante seguro de lo que he terminado. No me resulta imprescindible que antes de publicarlo lo lea nadie.

¿Hay algún estereotipo de escritor en el que odiaría caer?

El que considera que su obra es trascendente, el pomposo, el que se toma demasiado en serio a sí mismo…

¿Conoce a muchos así?

Lo cierto es que no. Mis amigos escritores no son pomposos, por eso son amigos míos. Cela me parecía pomposo, por ejemplo. Si me cruzo con alguien que me parece pomposo procuro apartarme de su camino.

¿Dónde escribe?

En mi casa o en un espacio que haya logrado hacer mío, para lo cual es necesario que pase allí al menos quince días. No puedo escribir en hoteles, necesito sentirme aislado, a solas la novela y yo.

¿Cómo es ese sitio?

Mi casa es una especie de palomar/guarida/balneario oculto, jaja. Un ático sin ascensor, lo que disuade a las visitas inoportunas. Y eso que está en el centro de Madrid. Es la casa donde transcurre la acción de Cielo abajo. No tiene nada especial, excepto que yo he dictado todas las reglas de convivencia, pues vivo a solas conmigo mismo. Cuando llega un puente largo, por ejemplo, y tengo que revisar una novela, me encierro con víveres y dvds para los descansos y ese ocultamiento del mundo me hace feliz.

Para escribir no puede faltarle…

¡El teclado! No, en serio, no tengo manías de ningún tipo. Bueno, sin tomar café me cuesta arrancar.

¿Necesita silencio para crear?

Sí. Un silencio razonable. No me importa que el vecino tenga puesto a Mahler en tono suave, pero sí que haya en las inmediaciones un concierto de heavy metal.

¿Le gusta escuchar música?

Sí, y tras mucho elucubrar, descubro que son dos los discos esenciales de mi vida: The Court of the Crimson King, de King Crimson, y Rock n roll animal, de Lou Reed.

¿Qué opinión le merecen los talleres de creación literaria? ¿Valen para algo?

He impartido algunos, pero nunca los recibí. Habría que preguntar a los alumnos. Pueden ser útiles para expandir la mente, reflexionar sobre ciertos asuntos… El que quiere escribir escribe con talleres o sin ellos.

Una razón para leerlo, señor Marías.

Solo escribo las historias que previamente me han emocionado a mí.

¿Por qué leer?

Porque excita muchas cosas: la mente, la curiosidad, el conocimiento de uno mismo…

¿Qué tipo de lector es?

Caprichoso, desordenado, voluble. No tengo interés en ser crítico, ni estudioso, no me interesa conocer a fondo la literatura clásica ni la española contemporánea. Me interesa la pasión de leer.

¿Cómo se debe leer: en voz baja, en voz alta o en silencio?

Cada uno que lea como quiera. Yo leo en silencio.

¿Cuál es su sitio preferido para hacerlo?

La cama.

¿Cuántas horas diarias dedica a la lectura?

No hay estadística. A veces varias, a veces ninguna… Antes que leer, vivo.

¿Quién le enseñó a leer?

Mi madre, contándome películas, me generó el deseo de conocer más historias, y de hacerlo por mi cuenta.

¿Cuál fue ese libro que le convirtió en lector?

En lector adulto y para siempre, Ficciones, de Borges.

¿Qué libros le han emocionado en su vida?

¿Aparte de Ficciones? El Aleph. Y, en distintos momentos de mi vida, Lord Jim, Por quien doblan las campanas (la primera novela larga que leí en mi vida, eso es lo que me emocionó, guardo el ejemplar, de Círculo de Lectores), Frankenstein, Drácula, Meridiano de sangre, El embrujo de Shangai, Imán, El largo adiós, A sangre fría. Creo que las dos mejores novelas del siglo XX son El extranjero y, aún por encima, Las uvas de la ira.

¿Cuáles son sus autores preferidos?

Suelo cambiar cada dos o tres años. Ahora leo bastante a Kadaré. Borges siempre es el primero. Ningún otro escritor me ha fascinado más. Creo que una de las grandes suertes de mi vida fue toparme con Borges con quince años. Sin duda, me cambió.

¿Qué título reciente le ha dejado sin aliento?

La mujer de sombra, de Luisgé Martín.

¿Qué libro no ha sido capaz de terminar de leer?

Conversación en la Catedral, de Mario Vargas Llosa.

¿Cómo se puede fomentar la lectura entre los estudiantes que sólo abren los libros por obligación?

Haciéndoles ver que hay libros sobre todos los temas. Una vez logré que un chaval aficionado al fútbol leyera un libro. Era un libro sobre el Real Madrid. No sé si siguió leyendo, pero leyó ése, y admitió que le había interesado.

¿Existe una decadencia de la lectura, de los lectores?

Existe una decadencia de la sociedad, del mundo. Pero un lector de verdad sigue leyendo, eso no cambia ni cambiará. Podrán desaparecer los libros, pero no los lectores. Y no es un contrasentido. Truffaut lo contó muy bien en el plano final de Farhenheit 451.

¿Qué significan los libros en su vida?

Me acompañan, me arropan.

¿Cómo cuida usted los libros?

Con naturalidad.

¿Los presta?

Sí. Y a veces no los recupero. Una escritora muy buena y muy querida no me ha devuelto aún mi ejemplar de Meridiano de sangre. Pero lo compré otra vez, y listo.

¿Qué es un libro que no se lee?

Algo (o incluso alguien) que espera.

¿Qué experiencia significativa le convirtió en usuario de los libros?

El simple deseo de leer. Y ayudó mucho Alianza Editorial. Su colección El libro de bolsillo cambió mi vida. Mi afán con quince o dieciséis años era llegar a tenerlos todos.

¿Quién le educó en el amor a los libros?

Nadie en particular. Creo que yo mismo, junto a mi pasión lectora.

¿Prefiere los libros recién sacados de la imprenta o los volúmenes con cubiertas raídas y páginas apergaminadas por los años y el uso?

Cada uno tiene su encanto. En estas respuestas soy muy soso. Es que no tengo ningún fetichismo ni manía respecto a los libros.

¿Dónde suele compra los libros?

En las librerías donde puedo estar largo tiempo mirando sin que nadie me pregunte qué quiero comprar.

¿Visita las librerías de viejo?

No especialmente. Alguna vez, pero no soy fetichista.

¿Cuántos libros suele comprar en un año?

La estadística no valdría de mucho. Sería incompleta porque las editoriales me mandan muchos libros.

¿Cuál es su posesión libresca de la que se siente más orgulloso?

Ese viejo ejemplar de Por quien doblan las campanas.

¿Alguna manía u obsesión con los libros?

En absoluto.

¿Posee ex libris?

No.

¿Están sus libros limpios de notas y subrayados o los marca de alguna de manera?

No. Cada poco regalo libros que comprendo que no voy a leer, y la única marca es la de los que permanecen. Si siguen ahí es por algo. Esa es la marca.

¿El libro en papel será en el futuro un objeto de lujo?

Creo que no. Los libros en papel seguirán existiendo, y convivirán algún día con los electrónicos. Cuantas más opciones de leer, mejor.

¿Qué opina sobre el libro electrónico?

Lo uso para leer manuscritos, temas de trabajo. No estoy contra el libro electrónico, todo lo contrario, pero me sigue resultando más cómodo en papel. Más cómodo y más placentero.

Su biblioteca es…

Menguante. Regalo los libros que ya no me dicen nada. Creo que es una forma de resucitarlos y de que alguien los puedan aprovechar.

¿Cuántos volúmenes contiene?

Ni idea. nunca se me ha ocurrido contarlos.

¿Qué dicen los libros de su biblioteca sobre usted como lector?

Que soy desordenado y que me gustan las epopeyas solitarias y los héroes trágicos.

¿Qué género predomina entre sus estanterías?

Hay mucha novela negra y mucha literatura española sobre todo. Pero lo que predomina es el desorden. No catalogo, no ordeno, no hago fichas, los libros están, sin más.

¿Ningún orden de algún tipo?

Literatura en nuestro idioma y extranjera y, dentro de esos dos órdenes mínimos, orden alfabético. Es un intento fallido de ordenar el caos. Mi casa está llena de libros por todas partes esperando que algún día los ponga en la letra correspondiente.

¿Cómo debe formarse una biblioteca?

La debe formar el deseo.

¿Tiene un trastero o cuarto similar para los libros que no le interesan?

Sí, pero voy tratando de regalarlos para que no me ocupen espacio.

¿Cómo clasifica su biblioteca?

Es como yo.

Sus baldas acumulan muchos objetos. Háblenos de ellos.

Son cosas raras que he ido coleccionando y trayendo de sitios donde estuve. O regalos. De los primeros me harto cada poco, y trato de librarme de ellos, de pronto me da por ahí, pero a la vez me da pereza hacerlo y ahí siguen. Los regalos los guardo porque contienen a la persona que me los regaló.

¿Cuál es el libro más raro de su biblioteca?

No hay libros raros.

¿Y el más caro?

Tampoco hay ninguno especialmente caro.

¿Posee libros heredados de su familia?

No.

¿Contiene libros en otros idiomas?

No. No leo otros idiomas, lamentablemente.

¿Qué biblioteca ha visitado y le ha fascinado?

Hasta el punto de fascinarme, ninguna.

¿Qué biblioteca le gustaría visitar?

La de Alejandría de Borges.

Fernando Marías (Bilbao, 1958, aunque vive en Madrid desde 1975) es autor de las novelas La luz prodigiosa (1991), Esta noche moriré (1992), Páginas ocultas de la historias (1995), El niño de los coroneles (2000), La mujer de las alas grises (2003), El mundo se acaba todos los días (2005), Todo el amor y casi toda la muerte (2010) e Invasor (2012); de los guiones de El segundo nombre y La luz prodigiosa (2003); y de las obras infantiles y juveniles Los Fabulosos Hombres Películas (1998), El vengador del Rif (2000), La batalla de Matxitxako (2001), Cielo abajo (2005), Goya y el 2 de mayo (2007), Zara y el librero de Bagdad (2008), Biografía del segundo cocodrilo (2008), El silencio se mueve (2010) y Prisioneros de Zenda (2012). Página web.